La intensa rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China en el ámbito de la inteligencia artificial, a menudo simplificada como una "guerra de chips", abarca en realidad todo el ecosistema de la IA: desde el hardware que ejecuta los modelos hasta el software que los hace utilizables y el diseño de los propios modelos. En este escenario, Europa se encuentra en una posición de aparente observador, con un papel limitado en los frentes clave de hardware y diseño de modelos, donde la competencia se ha reducido principalmente a dos gigantes: Nvidia y Huawei.
El reciente lanzamiento de Kimi K3 por parte de la empresa china Moonshot AI, con sus 2.8 billones de parámetros y su enfoque en código abierto, ha puesto de manifiesto la velocidad vertiginosa a la que surgen nuevos modelos de IA cada vez más competitivos. Este avance, que solo se sitúa por detrás de modelos propietarios como Claude Fable 5 y GPT-5.6 en ciertas pruebas, ha generado preocupación en los mercados, provocando caídas en índices bursátiles como el Nasdaq.
La estrategia de Huawei, por ejemplo, ejemplifica la agresividad del mercado asiático, con la apertura del código de piezas clave de su herramienta CANN en agosto de 2025, compitiendo directamente con el modelo cerrado de CUDA de Nvidia y atrayendo a laboratorios y universidades chinas. La adopción de modelos abiertos y la subvención de su uso son tácticas que están impulsando el ecosistema de IA en la región.
Europa, a pesar de su indispensable papel en la fabricación de máquinas para la producción de chips, parece estar rezagada en la aplicación y el desarrollo de estas tecnologías en comparación con sus competidores. El modelo de éxito de Airbus, basado en el reparto de tareas según ventajas reales y la primacía de la lógica comercial sobre la política, se presenta como una posible vía para que Europa replique estrategias y aproveche sus fortalezas.
La situación actual subraya la necesidad de que Europa reevalúe su estrategia en IA. Aprender de la agilidad de China, que ha pasado de la dependencia a acortar distancias mediante diplomacia, demanda cautiva y modelos abiertos, podría ser un paso crucial. La capacidad de Europa para capitalizar su infraestructura y fomentar un ecosistema de IA robusto y competitivo determinará su relevancia futura en esta carrera tecnológica global.