Una reciente investigación publicada en Eurosurveillance ha arrojado luz sobre la rápida y desigual integración de la inteligencia artificial en el campo de la epidemiología. El estudio, liderado por un equipo de la Agencia de Salud Pública de Canadá, encuestó a 105 participantes en Programas de Capacitación en Epidemiología de Campo (FETPs) y encontró que el 66% de ellos ya utiliza la IA en su trabajo.
A pesar de esta alta tasa de adopción, la capacitación formal en IA es notablemente escasa: solo el 20% de los usuarios había recibido algún tipo de formación. Más preocupante aún es que el 25% de los encuestados manifestó tener preocupaciones éticas con respecto a la precisión y los posibles sesgos de los contenidos generados por la IA. Estas cifras ponen de manifiesto una brecha creciente entre la implementación de herramientas de IA y la comprensión profunda de sus implicaciones, especialmente en un ámbito donde la precisión y la ética son cruciales.
Los epidemiólogos que utilizan la IA reportaron beneficios significativos en su eficiencia laboral. La IA les ha permitido reducir el tiempo dedicado a la resolución de errores de codificación, facilitar el aprendizaje de nuevas técnicas de programación, simplificar el código existente y generar ideas para el análisis de datos. Además, la IA ha contribuido a mejorar la calidad y eficiencia de la redacción, así como a optimizar tareas administrativas rutinarias, como la redacción de actas de reuniones y la organización de cronogramas de proyectos.
Sin embargo, la adopción no está exenta de obstáculos. El 41% de los usuarios de IA mencionaron barreras como limitaciones técnicas, acceso limitado a herramientas de IA, incertidumbre sobre las normativas institucionales para el uso de la IA y dudas sobre la reproducibilidad del contenido generado por la IA. ChatGPT fue, con diferencia, la plataforma más utilizada (87%), seguida de las herramientas de IA específicas de cada institución (25%).
El estudio concluye que, si bien la IA tiene el potencial de mejorar la eficiencia de los epidemiólogos de campo, también plantea inquietudes sobre el desarrollo de habilidades de pensamiento crítico y el discernimiento profesional en un campo que valora en gran medida el juicio y la interpretación, y la capacidad de comunicar la incertidumbre. La necesidad de una capacitación ética y técnica más robusta es evidente para asegurar que la integración de la IA en la salud pública se realice de manera responsable y efectiva.